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Artículo de Portada.- Tempus fugit (Homenaje a distinguido jurista mexicano Carlos Daza Gómez )

3Fue ayer de madrugada cuando me enteré que Carlos Daza había muerto. Solo con leer u oír su nombre uno imagina enfrente a una persona muy locuaz, alegre, activa, ocurrente, inteligente, divertida. Muy amigo de muchos amigos, el abogado y profesor de derecho penal se nos ha ido y sus colegas y alumnos lo echaremos de menos. Director del Colegio de Profesores de derecho penal de la UNAM, Universidad Nacional Autónoma de México, era un prestigioso abogado penalista en México. Lo recuerdo el día de la defensa de su tesis doctoral en el salón de grados de la Facultad de Derecho de Sevilla, sentado en su silla con un elegante traje azul, corbata roja y calcetines rojos. Declamaba y movía sus brazos y manos como ese gran orador que era, con voz clara y convincente. Sus argumentos sobre “La imputación objetiva en la participación y tentativa culposas” convencieron al tribunal para otorgarle el Cum Laude con sobresaliente, tesis dirigida por el catedrático Miguel Polaino Navarrete, maestro mío también.

 

2Recuerdo esa comida en un restaurante japonés de México DF donde nos llevó y llegó acompañado por una becaria muy guapa de su bufete, todo eran parabienes, amabilidad, felicidad y una charla sin cesar: su forma de hablar con una dicción impecable hacía que todos nos concentráramos en sus historias y vivencias contadas con mucha gracia y fino humor. Y al mismo tiempo que reíamos con él, observábamos al gran profesor, al gran abogado, aquel que defendía a clientes poderosos en los casos más famosos de los tribunales mejicanos, amigo de jueces del Tribunal Supremo como el que nos acompañaba ese día en la mesa. Amigo de ministros como el que se unió a nosotros junto a su bella y esbelta novia, recién llegados de Manhattan, viaje éste que dio lugar a una interesante conversación sobre la reciente visita de Carlos a la Gran Manzana, detallando una serie tiendas y restaurantes que me resultaban familiares, parecía estar viendo Central Park y la silueta de los rascacielos al fondo desde la planta 17 del Trump International. Por supuesto, compartíamos mesa también con el profesor de derecho penal de la Universidad de Sevilla Miguel Polaino Orts, con el que había viajado desde Sevilla y gracias al cual entablé amistad con Carlos, y con el abogado y profesor de la UNAM, Gilberto Santa Rita, que esos días nos acompañaba junto al también profesor y doctor Raúl García. Se unieron al almuerzo otras autoridades judiciales y políticas, algunos a los postres, y la estrella seguía siendo Carlos Daza.

 

4El diálogo en la mesa y los temas que se trataban los iniciaba el profesor Daza, era como un imán que atraía a todos los que había a su lado. Con sano optimismo, gran argumentación y mucho humor, nos convencía tanto de los platos que habríamos de pedir a la camarera oriental que nos atendía con su atuendo japonés, como de otros lugares que deberíamos visitar en la capital o al día siguiente en nuestro viaje a Puebla; hablaba también, cómo no, de su tesis que en breve habría de remitir a su director en la Facultad de Derecho de Sevilla.

 

1Rebosaba vida y vivía la vida, nos contagiaba a los demás de su alegría, sus ganas de hacer cosas, los proyectos a corto y medio plazo, mientras pedía otro trago para todos y brindábamos, y a continuación bajando sensiblemente el tono de su voz, nos relataba historias sobre lindas mujeres. Era un galán que había contraído matrimonio con una cubana muy hermosa tras divorciarse de su primera mujer, amaba a sus hijos, siempre atento con ellos, dándole lo mejor de sí mismo. Gran profesor y estudioso, conferenciante y autor de obras importantes en su especialidad. Era una de esas personas que nunca imaginamos que va a faltar, de las que cuando recibimos la noticia de su pérdida, no nos resignamos a aceptar que quedará ya para nuestro recuerdo, pues imaginábamos que el día menos pensado aparecería por Sevilla de visita y quizás camino de Madrid, Barcelona, París o Roma. Hace unos días supo que tenía Covid y poco después había fallecido. Cuando me lo dijo esta noche Miguel Polaino, me contó que había hablado con él poco antes. Como se suele decir: y estaba tan bien.

 

Su fortuna, su poder, sus ganas de vivir, su prestigio, su fama, sus diversiones por doquier, quedaron ahí, en su vida. Nos ha dejado un buen recuerdo y, desde luego, nos hace pensar en lo corta que es la vida y la necesidad de vivirla y disfrutarla porque el tiempo pasa, el tiempo corre más rápido de lo que pensamos y la muerte no siempre nos avisa. Carlos Daza disfrutó cada momento, afrontó los problemas sabiamente y siempre supo estar ahí cuando su familia y los amigos lo necesitaron. No debemos estar pensando siempre en que haremos las cosas mañana, en el futuro; nuestros proyectos, nuestros retos, merecen la pena iniciarlos ahora. No renunciemos a esos sueños siempre imaginados, disfrutemos desde ahora preparando los caminos hacia la felicidad.

 

 

Sevilla, a 21 de enero de 2021

 

Luis Romero Santos

Abogado

Doctor en Derecho

 

 

 

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