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Del Toro, seducido por la fantasía y el amor por los monstruos

  • Desde su cuna los veía todas las noches y con tal de que lo dejaran ir al baño los hizo sus grandes amigos

 

  • En su formación como cineasta le han dado satisfacción, gozo, alegría y hasta amor

Por Ricardo FLORESMIRANDA

fuentesDesde niño los adora, le fascinan, los ha hecho suyos. Nunca les ha tenido miedo, pavor, intimidación; ni siente amenaza alguna por los monstruos de su imaginación, ni de las apariciones fantasmales, ni de los espectros de sus sueños, ni teme a las visiones diabólicas, ni a los vampiros, ni siquiera aquellos seres de cuerpos anfibios, de caras planas, sin ojos, o de cabezas con cuernos de chivo.

Guillermo, Memo, Toro, como le dice la gente; o, memito, torito, como le llaman sus amigos narra como a sus ocho años el monstruo acuático de la película “El Pantano de las Ánimas” realizada por el actor y director mexicano Rafael Baledón en 1956, lo impactó y prácticamente lo marcó en la fascinación por los engendros y seres nada agradables, feos y monstruosos.

La narrativa del filme “El Pantano de las Ánimas”, una de las preferidas por el aclamado director, se centra en un horripilante ser acuático que suele aterrorizar a los habitantes de un pueblo donde se encuentra una laguna.

 – “Tengo una especie de fetichismo por los insectos, la relojería, la maquinaria y los engranajes, monstruos, lugares oscuros, cosas sin nacer…”

Memo del Toro, Hecho en Jalisco. Nacido en la ciudad de Guadalajara el 9 de octubre de 1963, cuando estaba en la primaria ya actuaba en obras de teatro personificando a un Tecolote, a veces la hacía de galán y le encantaba ir al cine a ver películas de “Mostros y las de Tarzán donde salía Jane en poca ropa”.

También su ciudad natal lo vio realizar sus primeras películas cuando cursaba el primer año de preparatoria en el Instituto de Ciencias, el colegio jesuita de Zapopan. El colegio sirvió de escenario para el primer cortometraje fílmico en formato Super-8, denominado “Pesadilla”. Esto sucedía en el año 1983, cuando Guillermo contaba con 20 años.

Para Guillermo del Toro Gómez, los monstruos son parte esencial de su integridad desde bebé, y ahora a sus 57 años con el último personaje cinematográfico “la criatura”, reafirmó su seducción por la fantasía y el amor por ellos.

“La criatura”, el espécimen acuático de color gris azuloso y verde, escamas y fisonomía de pez, le dio cuatro premios Óscar en el 2018 como mejor director, mejor película, mejor música original y mejor diseño de producción por el filme “La forma el agua”.

– “Mi fascinación hacia ellos es casi antropológica… los estudio, los disecciono en algunas de mis películas: quiero saber cómo funcionan, qué aspecto tienen por dentro y cómo se comportan”.

guillermo-del-toro-at-home-with-monsters -lacma-imageDel Toro, cuenta cómo desde muy pequeño, se hizo compañero inseparable de los monstruos; y cómo, durante su formación como cineasta le han dado satisfacción, gozo, alegría y, porque no decirlo o escribirlo, hasta amor.

 – “En la cuna los veía y una noche les dije que, si me dejaban ir al baño, estarían conmigo siempre”.

En diversas entrevistas a periódicos y revistas especializadas de cine, ha declarado que desde su niñez se vio influido por el cine mexicano de terror, así como del material fílmico de espantos y monstruos de las productoras cinematográficas como la Hammer Films y Universal Pictures; al igual de los temas terroríficos de los comics de la casa editorial Novaro, así como de las publicaciones como Duda, Tradiciones y Leyendas y Fantomas.

_”… La infancia que todavía cargo conmigo y la misma emoción que me daba entonces una película de Godzilla o del Santo, me da ahora. Trato de no desactivar esa emoción infantil”.

Su infancia y su adolescencia fueron todo, menos tediosas ni monótonas. Supo alternar sus gustos de un niño normal con sus aficiones a los monstruos. Tenía gran afición por dibujarlos, su inspiración surgía de los libros de biología al conocer las características morfológicas de los insectos, los arácnidos y los batracios; también le inspiraban aquellos seres de la mitología griega o la literatura clásica.

Su abuela, en alguna ocasión le dijo al conocer su singular gusto por los “mostros” porque así los llama, “que debía pagar todos sus pecados, so pena de arder en las llamas del infierno”.

Ante tal profecía de su abuela, Del Toro recuerda que “ponía partes de botella en el interior de su zapato para sangrar y así irse purificando”.

No obstante, a los vaticinios de su abuela, el niño continuó creando y amando a sus “mostros” y a lo largo de su carrera cinematográfica de más de tres décadas ha creado personajes inolvidables que forman hoy parte de la galería de criaturas monstruosas más sobresalientes en el cine:

Jesús Gris. Es un vampiro milenario (Cromos de 1993); Reaper. Monstruo que come vampiros y humanos (Blade II, 2002); Hellboy. Demonio que ayuda a la humanidad (Hellboy, 2004); El hombre pálido y el Fauno (Laberinto del Fauno, 2006); El ángel de la muerte. Hellboy II. El Ejercito Dorado, 2008; Kaijus. Titánes del Pacífico, 2013; La Criatura. La Forma del Agua, 2017.

Hoy, aquel niño que desde su cuna veía todas las noches a los “Mostros” y a los cuales con tal de que lo dejaran ir al baño los hizo sus grandes amigos, tiene una colección de 9 mil libros y 50 mil cómics repartidos en 13 bibliotecas dividas en obras de horror, arte e historia, y donde Frankenstein es su personaje predilecto y el que más le fascina.

Para el cineasta mexicano Alejandro González Iñarritu, ganador de cinco premios Óscar, dice de las creaciones de su colega Guillermo del Toro que “sus monstruos somos cada uno de nosotros, y él lo sabe desde niño, que son los únicos que ven las verdades que expresan en fantasías. Y Guillermo sigue siendo un niño”.

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